3.1.13

Con Franco se vivía mejor

Los monclovitas interinos deberían darse un garbeo, de cuando en cuando, por el blog del momento: un "diccionario para entender a los humanos" que va anotando diariamente el poeta Josean Blanco bajo el alias de su más rabiosa encarnación, Perroantonio. En uno de sus irónicos bocados he hallado una (muy) seria definición de España: "Nación de nacioncitas unida a África por el Estrecho de Gibraltar y separada de Europa por los Pirineos, la Revolución Industrial y la Ilustración". El mendaz Rajoy y el leguleyo Gallardón deberían aprendérsela de memoria, ahora que han decidido que lo que nos une es lo que nos separa y parecen haberse propuesto perseguir de oficio a los ciudadanos que, de buena fe, socorran a los sin papeles. Cuando creíamos haber descubierto (casi) todas las vergüenzas del Gobierno derechón, nos sobresalta comprobar que en sus miembros más retrógrados resucita el virus de la xenofobia, que anidó en sus entrañas en tiempos de Maricastaña y allí se hizo fuerte. Denuncia la plataforma ciudadana Salvemos la Hospitalidad que, según el nuevo artículo 318 bis del anteproyecto de reforma del Código Penal que acaban de presentar las hordas genovesas, "las personas o instituciones que apoyen, ayuden o acojan en sus domicilios de forma altruista a las personas extranjeras en situación irregular que transiten por España serán consideradas criminales: detenidas, juzgadas y, en su caso, condenadas a hasta dos años de cárcel". Será por eso que el más popular de los racistas populares, el alcalde badalonés García Albiol, se ha bajado al moro ataviado con túnica y turbante: para llevar la buena nueva a la tierra de los infieles y pedirles que permanezcan al otro lado del Estrecho; para advertirles que no merece la pena cruzar el mare nostrum para descubrir que, en España, con Franco se vivía mejor.

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